Una pasión, muchos desafíos

Leer este post en El Pais

El fútbol late como nunca antes en Suráfrica. Se ve en sus calles, en sus estadios casi terminados, en la desbordante alegría de sus gentes, en el orgullo de que el mundo ponga por una vez sus ojos en el continente negro en vez de mirar a otro lado. La pasión con que este país vive alrededor del balón es única y seguramente sea porque el fútbol, aquí, va más allá de ser un deporte. Por la misma razón que la población negra odió el rugby, el símbolo de los afrikáner y la esclavitud del apartheid, amó desde siempre el fútbol, la bandera de su identidad. Y, si aquella población negra fue capaz de volcarse con el Mundial de rugby de 1995 de la mano de Nelson Mandela y de cantar el himno blanco de los springboks para ganar a Nueva Zelanda, ahora celebrar un Mundial en la misma tierra del arcoiris es para los bafana bafana un grito de libertad, el momento en que el protagonismo de la historia está en su lado. Si 1995 fue un milagro de hermandad en un clima de guerra civil, 2010 es otro puente al futuro para el primer país africano en organizar un Mundial. A buen seguro que nadie pondrá más pasión y color en el torneo (del 11 de junio al 11 de julio, faltan 220 días) que Suráfrica, aunque son muchos los desafíos.